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Vivir con VIH: "Dejé de abrazar a la gente por los prejuicios que cargaba"

Desde que a Sergio Ramírez le diagnosticaron el Virus de Inmunodefiencia Humana en 2013, la vida le cambió para siempre. El joven estudiante de la FCPyS e integrante de Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes Positivos relata aquí cómo es su lucha diaria contra la enfermedad y su militancia activa desde el Programa RAJAP.

17 de diciembre de 2019, 17:55.

Vivir con VIH: "Dejé de abrazar a la gente por los prejuicios que cargaba"

Activista por los derechos de la diversidad sexual y de las personas con VIH. Ampliar imagen


Se cumplen seis años de aquel 11 de diciembre en el que Sergio Ramírez (28), recibía el resultado de los análisis que cambiaria su destino. Los últimos meses de 2013 decidió realizarse el test de HIV, cuyo resultado fue positivo.

Cada 1º de diciembre este estudiante de la carrera de Comunicación Social de la Facultad de Ciencias Políticas y Socieles (UNCuyo) lo recuerda con un particular sentimiento: “Esta fecha es como un recordatorio desde lo personal. Es un día muy importante también por todas las tareas que realizo desde el activismo, el poder encontrarnos y saber que estamos dispuestos a vivir un montón de cosas”.

Del dolor a la coraza

“El 2013 fue el peor año de mi vida, debido a varios problemas familiares, de salud, etcétera. Los primeros días de noviembre fallece mi mejor amigo, justo el día en el que me voy a realizar el test. Fueron muchas cosas que me tiraron al piso. Pero luego de tantas pálidas uno arma una especie de coraza y todo este quiebre rompió moldes que me permitieron seguir avanzando”, reflexiona.

Sergio admite la presencia de tres personas fundamentales que estuvieron desde aquel diagnóstico. Su ex pareja fue una de ellas, brindándole su apoyo, contención e información. Días después, encuentra la página de España No estamos solos y a través de ella logra conectarse con muchas personas de distintos lugares del mundo, además de vincularse con diferentes grupos de contención. 

"Luego del diagnóstico, empecé a lavar mi ropa aparte. Nueve meses después se lo conté a mi mamá, aunque ella me admitió que se había dado cuenta, porque también desde el inconsciente deje de abrazar a la gente. Los prejuicios con los que cargaba estaban presentes en mi cerebro”, recuerda.

El entorno y la discriminación 

Con un admirable sentido del humor, Sergio cuenta que fue rechazado en varias ocasiones, de tal forma que dejaban de tener diálogo con él o podían continuar con la relación con la condición de no contar públicamente su situación: “O por ejemplo en Grinder, recibir mensajes del tipo 'ni loco me junto con alguien con sida'”.

En cuanto a las reacciones con los profesionales de la salud, recuerda un episodio que lo afectó: “Institucionalmente, cuando fui a hacerme unos estudios en el CONI (Godoy Cruz 187, Ciudad) para ingresar a la facultad, la doctora me pregunto si era alérgico a alguna medicina. Le conté que tomo antirretroviral porque tengo HIV y me contestó que tuviera cuidado porque me estaba autorizando a estudiar en un lugar donde hay mucha gente. Respiré y le contesté, con tono irónico, que al menos que tuviera relaciones sexuales en el espacio físico de la facultad, no iba a pasar nada”.

"Obviamente me sorprendí -agrega- y a su vez me entristeció el comentario. Sobre todo, viniendo de una institución pionera en enfermedades de trasmisión sexual". 

La salud propia y ajena

Sergio comenta que desde que comenzó a tomar la medicación se enferma en menos ocasiones, porque no era consciente de su importancia y reconoce que con el tiempo fue conociendo su cuerpo y controlando de manera más eficiente su salud.

“Soy indetectable, cuando hay poca cantidad de virus en sangre, y eso fue como sacarme un peso de encima y en el caso de que suceda algún accidente, el estar indetectable te asegura no trasmitírselo al otro. Fue como volver a disfrutar plenamente las relaciones sexuales y aliviar un poco el prejuicio autoimpuesto y puesto por la sociedad de las personas que tenemos VIH, de sólo tener que cuidar a los demás. Porque yo sólo pensaba en qué pasaría si se lo trasmitía a otra persona, a partir de estar indetectable comencé a pensar que también me pueden trasmitir otras infecciones a mí. Sigue siendo importante el pensar en uno mismo“, analiza con alivio. 

Además, el también Técnico Superior en Marketing, carrera en la que graduó en 2016 en el ISTEEC, opina sobre un mito: “La promiscuidad no es un peligro, sino que la desinformación lleva tener prácticas peligrosas. El testeo, la comunicación, el preservativo son métodos de cuidado".

"Hay que empezar a hablar más abiertamente de la sexualidad, aceptarnos como somos, para poder ser sinceros con los demás y derribar prejuicios”.

Una confesión por etapas 

“En uno de los programas de Radio U (La Posta) tenían una columna los jueves sobre diversidad. Los primeros días de setiembre de 2015 me inviatron y conté mi situación, aunque admito que casi nadie de los que me escuchó en ese momento pudo darse cuenta de la confesión que hice en esa entrevista”, rememora.

Sergio dice que la decisión de contar abiertamente su situación fue un proceso arduo que tuvo varias etapas donde primero se lo dijo a su mamá, luego a sus hermanas y posteriormente a su papá. Y así comenzar a hablar en sus redes sociales en primera persona y a posteriori una recorrida por los medios, lo que le permitió comenzar con su tarea de activista.

Unirse y luchar

Desde 2015 forma parte de la Red de Jóvenes y Adolescentes Positivos (RAJAP) trabaja como supervisor de Encuestadores para el índice de estigma y discriminación hacia personas con VIH y fue parte de la comisión organizadora de la Marcha del Orgullo LGTBIQ de Mendoza 2019.  

“Me gustaría profundizar en un futuro y a través de la universidad sobre este tema, y llegar a cambiar la vida de los que tenemos VIH para siempre. Además, proyecto continuar avanzando en la carrera de comunicación”, adelanta.

Acerca de la marcha del orgullo que se realizó el 7 de diciembre dice que “el año que viene será mi décima marcha del orgullo, de la cual soy parte del comité organizador, y voy a participar desde la organización al igual que este año. La marcha sirve para unirnos y luchar”.

En relación a la fe reconoce: “Creo en Dios, pero no en las religiones, porque como toda institución creada por el hombre tiene sus fallas y pecan por querer ser todas la verdaderas. Además encontré una religión directa entre lo que expresan las religiones con la homofobia; es decir realizan una exclusión y desinforman a la sociedad”.

Pilares para una lucha ejemplar

Sobre las políticas de salud que contiene Mendoza en relación al HIV, Sergio opina que "desde lo provincial el presupuesto está garantizado por ley y gracias a la lucha activista, desde 2007 existe el pase libre de transporte para personas enfermas que garantiza que podás llegar a realizarte los estudios al hospital”.

No obstante, lanza una critica hacia la falta de presupuesto para un plan publicitario de medicina preventiva que contribuya a la prevención y la capacitación de la sociedad sobre enfermedades de trasmisión sexual. 

La tranquilidad y la superación con la que Sergio relata su vida "post resultados" es llamativa. Si bien admite que tuvo que trabajar mucho en sí mismo para poder sobrellevar los estigmas y la discriminación, reconoce que hubo dos pilares fundamentales que no permitieron que su vida se estanque. Uno de ellos fue su familia (incluso hasta de manera "sofocante", como lo expresa él mismo), que le brindó mucha contención y el mayor cuidado posible. 

Su otro pilar fue RAJAP, la red de jovenes con HIV que depositó en él la confianza suficiente para seguir su camino y continuar con sus actividades y su proyecto de vida. Gracias a ellos, Sergio se convirtió en un ejemplo de lucha constante, no bajó nunca los brazos y hoy es mucho más que un activista por los derechos humanos y la diversidad sexual.  

 

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