“Necesitamos plantear una ecología de saberes que promueva interacciones múltiples”

octubre 03 2016 12:07.

Necesitamos plantear una ecología de saberes que promueva interacciones múltiples

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Así lo afirma Humberto Tommasino, Referente latinoamericano en Extensión y profesor de la Universidad de la República, quien estará presente en el V Seminario RIOSAL el 13 y 14 de octubre, a realizarse en la FCPyS.

Humberto Tommasino es  Doctor en Medio Ambiente y Desarrollo por la Universidad Federal de Paraná, Brasil. Actualmente se desempeña como docente de diversas cátedras en la Universidad de la República de Uruguay, y es docente invitado en diversas universidades de la región. En esta charla explica qué significa “Ecología de saberes”.

¿Qué implica un diálogo de saberes entre la universidad y las comunidades?

Bueno, en primera instancia, implica romper una actitud histórica de la universidad que es la no escucha. Si uno observa lo que ha pasado, en general, durante mucho tiempo, la universidad fue un espacio enclaustrado que comunicó sin planteárselo explícitamente y después hubo momentos en los cuales la universidad salió a comunicarse y, en general, cuando lo hizo, fue de una manera muy unidireccional. Porque eso, también implica una concepción de ciencia que se ha conformado históricamente que tiene que ver con que la única forma de entender el transformar la realidad es desde la ciencia formal, consolidada, histórica. Entonces bueno, ahí hay todo un formato de producción del conocimiento que hace que lo que se produce es lo que da cuenta de la realidad y lo que está en la realidad no da cuenta de la realidad, que sería algo así como el saber popular, el saber fáctico, el sentido común. Entonces ahí aparecen todos los formatos de vínculo entre ciencia, academia y sentido común que son variados. Pero cuando nosotros estamos hablando de esto, estamos hablando de la posibilidad de que haya una escucha mutua y una interpelación mutua. Estamos hablando de que se requiere ser muy respetuoso de lo que el otro sabe pero respetuoso en el sentido de no dejarlo como está, ni el saber científico, ni el saber popular, sino buscar espacios donde estos puedan interactuar. Por eso ahí aparece el concepto de ecología que tiene que ver con interacción, con dinámica con cuestiones que están en movimiento, en desarrollo, en evolución, en confrontación. Eso me parece que es el rescate de lo que podemos plantear como ecología de saberes. La posibilidad de tener un saber distinto. No que junte,  sino que promueva interacciones múltiples.

¿Cuál es el impacto que puede llegar a generar el transformar, definitivamente, la extensión en práctica socioeducativa para no ir al margen como comentaban ustedes?

El impacto podría ser según el lugar donde las prácticas estén. Si las prácticas están en el cotidiano siempre van a tener efectos muy importantes porque siempre es pensar el trabajo del estudiante afuera y el trabajo con actores sociales, con organizaciones, con movimientos. Entonces, eso solo ya es un plus muy importante que hace que hablemos de una universidad de paredes bajas en donde salimos a trabajar con la gente y eso siempre es bueno para la universidad enclaustrada que tenemos. Pero por otro lado, lo que nosotros decimos es que estas prácticas socioeducativas deberían estar pensadas adentro de las disciplinas. Lo que pasa es que eso es una cualidad superior de las prácticas socioeducativas.

¿Qué  implica una práctica socioeducativa?

Integra la posibilidad de que un grupo de estudiantes con su profesor puedan interactuar con algún movimiento, con alguna organización, con algún grupo y que esto sea puesto en juego con la teoría que están viendo los estudiantes. Ahí entendemos que está la riqueza y nos parece que es la forma de pensar la teoría y la práctica que para el profesor y para el estudiante son completamente distintas. Y además, que va a inaugurar un montón de temáticas que no  están en sala de aulas que van a aparecer. Osea, que la disciplina y el profesor se van  a interdisciplinar.

Para explicarles a los estudiantes, ¿eso puede ser, también,  la diferencia entre hacer extensión o  prácticas socioeducativas y hacer un voluntariado?

No, en el caso del voluntariado nosotros no nos oponemos, nos parece una cosa interesante pero no nos parece que sea para la universidad. Nos parece que los voluntariados, dentro de la universidad, en general, son vivenciales. Me parece que nosotros tenemos que pensar, no en cuestiones de vivencia y de donación, si no en cuestiones de aprendizaje. El aprendizaje de una vivencia con otros está bueno pero me parece que se queda muy corto para pensarlo como una actividad de extensión. Y además, toda la significación que tiene el voluntariado como una actividad vinculada con lo caritativo, con darle al otro lo que el otro no tiene, con una relación de jerarquía, que tiene que ver con lo que históricamente han hecho los rotarios, el club de leones. Que no están mal, pero esos modelos dentro de la universidad me parece que no son los modelos de una universidad autónoma, autogobernada que piensa e intenta entender los problemas actuales de una sociedad contemporánea. Hay gente que realiza voluntariados y no recurre a ese modelo pero en general ese es el telón de fondo. 

Para invitar a los estudiantes de las facultades. ¿Por qué deberían hacer extensión a nivel personal?

Por muchas cosas. La más directa es que puedan aprender en situación real siempre es un aprendizaje mucho más significativo que aprender en una situación inventada en sala de aula. Ahí la realidad  esta mediada por un ejercicio que plantea el docente. Aprender, en realidad, siempre es un aprendizaje completamente significativo para el estudiante. Y lo va  a poder usar después cuando salga de la vida institucional. Es decir, adelanta un ejercicio profesional. En el caso de las profesionales, claro. 

Por otro lado, porque nosotros precisamos, como universitarios de la universidad pública, contribuir a la formación de la sociedad. Porque gran parte de la sociedad que nos banca, que nos permite estudiar, está en condiciones de penuria y desigualdad muy fuerte. Entonces, me parece que ahí surge la base del compromiso universitario. Nosotros necesariamente, como estudiantes de universidad pública, debemos repensar la sociedad en la cual vivimos para transformarla con mucho cuidado, muy participativamente pero pensar que el compromiso pasa por ahí. Y es algo que también puede pensarse para las universidades privadas. Lo que pasa es que en cualquier universidad se genera un espacio humano donde se acapara conocimiento y eso siempre genera desigualdad. Entonces debemos pensar que hemos pasado por un proceso de formación privilegiado que no tiene toda la población y eso necesariamente debe ser socializado democráticamente. Hay como un deber ético. Entonces me parece que debemos pasar por la instancia de extensión y no solamente por la sala de aula y contribuir a cambiar cosas.