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“Como trabajadora social, cada vez que me incorporo a un espacio laboral se me presenta un gran desafío”

Lorena Rosales es oriunda de San Carlos, egresada de la Licenciatura en Trabajo Social de la FCPyS. Con una amplia y comprometida trayectoria en los ámbintos de la niñez y adolescencia, actualmente trabaja en el CAI (Cuerpo Auxiliar Interdisciplinario) del Poder Judicial y coordina un postítulo en Educación y Género en el Instituto Rosario Vera Peñaloza.

27 de julio de 2021, 09:00. Por: Claudia Chávez Tirado .

"Como trabajadora social, cada vez que me incorporo a un espacio laboral se me presenta un gran desafío"

Lorena Rosales, trabajadora social egresada de la FCPyS UNCuyo. Ampliar imagen


Al momento de elegir qué estudiar Lorena Rosales siempre tuvo en mente las carreras humanísticas. “La cuestión del trabajo social, de cómo intervenir en el tema de las cuestiones sociales, de la injusticia social, el cómo reparar eso, cómo intervenir, cómo cuestionarlo, era mi objetivo”, cuenta la hoy licenciada en Trabajo Social.

Una vez que terminó de estudiar, volvió a San Carlos para ejercer: “Me localizaron para trabajar en un hogar de niñas niños y niñas, una OSC (organización de la sociedad civil). Me he implicado como trabajadora social en organizaciones de la sociedad civil, trabajé muchos años en una asociación que se llamaba El adobe, donde hacíamos acciones de política basada en los derechos, trabajamos con niños/as, con mujeres”.

Desde el 97 al 2008, Rosales trabajó en un hogar de niñez. “Justo empezó toda la política de descentralización municipal del área de niñez y adolescencia, y me quedé en la DINAF (Dirección de Niñez, Adolescencia y Familia). Paralelamente empecé a trabajar con escuelas secundarias, con los servicios de orientación. También lo hice en escuelas especiales, en los equipos técnicos de Tupungato y San Carlos, y se me abrió un campo en la educación bastante amplio. Respecto de la DINAF, los hogares de niños y niñas estaban aumentando su institucionalización. Empezó la implementación de la Ley 6654 de niñez y adolescencia, entonces me propusieron empezar a coordinar todo lo que era albergue de los hogares de Valle de Uco, que estaban en Tunuyán. Fue una etapa de mucho trabajo, de mucho cuerpo”, repasa Lorena.

El trabajo en un juzgado de familia

"Después de DINAF rendí para el Poder Judicial, para el CAI (Cuerpo Auxiliar Interdisciplinario), ingresé en el 2010 y hasta hoy continúo. En el CAI hago pericias sociales, llega un expediente donde el juez, la jueza, pide una determinada evaluación social ante una situación de violencia. También trabajamos en causas civiles, tienen que ver con la determinación, la capacidad y la responsabilidades parentales, causas precautorias, de urgencia, causas civiles, de violencia. Intervenimos en responsabilidad parental; es decir, el cuidado personal, la cuota de alimentos, el régimen de comunicación, donde piden una pericia. También intervenimos en cuestiones de violencia. Ante una determinada denuncia mantenemos una entrevista con la mujer o con quien haya denunciado y se hace un diagnóstico social acerca de la situación”.

Diez años de formación en género

La trabajadora social hoy es coordinadora de un postítulo en Educación y Género del IES Rosario Vera Peñaloza en San Carlos. Está destinado a docentes que buscan una especialización en educación con perspectiva de género: “Cuando entré en el Juzgado de Familia, empecé a ver la realidad de las mujeres, y tuve esa necesidad de tener que dar respuesta y estar a la altura de las circunstancias. La mayoría de los expedientes y las denuncias que tenemos son de violencia de mujeres. Me empezaron a movilizar las denuncias, la lectura de la vida de esas mujeres, de sus cuerpos, de las situaciones, de todo lo explícito que se pone una denuncia, y todo lo implícito que está detrás. Fue un proceso que me llevó a más profundidad, a mayor compromiso, desde lo profesional. Pensás ¿cuándo termina esto? ¿cuándo no vamos a tener más denuncias? ¿cuándo van a terminar de sufrir? ¿cuándo vamos a vivir en un mundo donde las mujeres podamos vivir sin violencias?".

Otra faceta donde puede plasmar toda esta inquietud con respecto a la temática género es en un programa de radio comunitaria, en conjunto con otra trabajadora social de una red de asistencia y violencia. Allí también trabajan con profesionales en temas de violencia en San Carlos, resuelven situaciones y dan información. “Hay un cambio cultural que necesitamos. Tenemos que deconstruir mandatos patrones, estereotipos, la salida es conjunta en el tema de violencia de género”, reflexiona.

¿Cómo actúa un profesional del trabajo social en un caso?

Lorena relata cómo procedía ante un caso en la DINAF: “Cuando en la parte de hogares trabajaba en la parte de asistencia en su momento estaba sola. Era ir a trabajar con el chico/a acerca de la situación sociofamiliar que lo había llevado a estar en una instancia de exclusión familiar y buscar las alternativas para reintegro, familiar comunitario. Entonces concretamente se hacía una entrevista con familiares, ir a la comunidad, donde había venido ese chico o esa chica, buscar un referente que lo pudieran contener, instituciones que pudieran brindarle asistencia, integrarlo. Habían instancias familiares, comunitarias, se trabajaba ya con instancias institucionales. Luego se procedía a buscar una familia cuidadora que se hiciera cargo, hasta que se le diera una salida familiar genuina. También trabajaba en la dinámica del hogar, o sea ¿cómo cómo funcionaba el hogar? ¿cómo se tenía que armar la rutina, las cotidianidades de los niños en el hogar? Trabajar con los operadores, con respecto a el trato, a la atención en salud, a la vinculación con la familia, y después toda la conexión que teníamos que hacer con las instituciones, de afuera, por ejemplo con el juzgado, presentar informe, ¿qué había pasado con determinada chica, chico?, ¿qué había pasado con una escuela? Todas vinculaciones con las instituciones que formaban parte de la vida de los niños/as”.

El mayor desafío  

Haciendo una revisión de su trayectoria, Rosales reconoce que “como trabajadora social, cada vez que me incorporaba a un espacio laboral, se me presentaba un gran desafío, de ver con mis intervenciones, de planificar, de encontrar de mi objeto de intervención, de capacitarme. Sentí un gran desafío cuando estaba a cargo de los hogares de niñez porque era mucha responsabilidad. Sentirme responsable de la vida de un numeroso grupo de niñas, de niños, en el sentido responsable de no de la subsistencia diaria, que eso era garantizado desde un montón de puntos, pero sí de poder integrarlo a su sistema socio-familiar y eso era muy fuerte. Está más que comprobado el tema del sufrimiento de los niños/as en las instituciones, en los hogares, la exclusión de su familia, de su amigo, de su amiga, de su escuela, y cómo pasan la vida en un hogar. Entonces mi desafío era ver la estrategia para reintegros familiares, levantar hasta la última piedra a ver si encontraba algún familiar, alguna hermana, una maestra”.

 


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