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8M La violencia institucional y el rol de las ciencias sociales en su entramado cotidiano

Hoy, 8 de mayo, se conmemora el Día de Lucha contra la Violencia Institucional, fecha que nos convoca a una reflexión crítica sobre las formas que asume el ejercicio del poder estatal en contextos de creciente conflictividad social. En un escenario donde las respuestas represivas y punitivas tienden a intensificarse, se vuelve imprescindible problematizar, desde nuestras disciplinas, las prácticas, discursos y dispositivos que configuran la intervención de las instituciones estatales, particularmente en relación con los sectores más vulnerados. Escribe, Silvana Vallone, coordinadora del Área de Derechos Humanos de la FCPyS.

08 de mayo de 2026 Por: Mgter. Silvana Vallone
imagen 8M La violencia institucional y el rol de las ciencias sociales en su entramado cotidiano


 

El denominado gatillo fácil, las prácticas arbitrarias de las fuerzas de seguridad en el espacio público constituyen expresiones visibles de un fenómeno más amplio y complejo. La violencia institucional se despliega de manera multiforme, atravesando no solo el accionar represivo policial, sino también las dinámicas judiciales, administrativas y simbólicas que producen desigualdad, exclusión y vulneración de derechos.

Hay formas de violencia persistentes en el tiempo, profundamente estructurales e invisibilizadas: las prácticas del sistema penal que operan de manera selectiva, reproduciendo prejuicios de clase, género o racialización en las decisiones judiciales; trámites excesivos o inaccesibles y circuitos institucionales opacos que terminan obstaculizando o negando el acceso a la salud, a la educación o a la asistencia social; formas de maltrato institucional, desatención, patologización o estigmatización de determinadas poblaciones (jóvenes de sectores populares, personas trans, migrantes, personas con discapacidad).

En el mismo sentido, en una dimensión simbólica, los discursos institucionales que construyen a ciertos grupos como peligrosos o sospechosos. Esa producción de sentido habilita y legitima otras violencias más visibles: por ejemplo, la criminalización de la protesta social que convierte el derecho a la protesta en un hecho politizado, sindicalizado, que atenta contra el orden público y la paz social. Este discurso criminalizante, a través de mediaciones específicas, logra instalarse en el imaginario social habilitando -y legitimando- la represión policial, las detenciones arbitrarias, el hostigamiento y persecucución de manifestantes.

Es decir, no siempre hay un acto violento en sentido clásico, pero sí prácticas que producen subordinación, disciplinamiento o expulsión. Estas violencias, muchas veces naturalizadas o invisibilizadas, requieren ser analizadas en profundidad para comprender sus condiciones de posibilidad y sus efectos en la vida social. No siempre hay un acto explícito de coerción pero sí efectos concretos de vulneración de derechos. Y aquí reside el potencial analítico y transformador de las ciencias sociales, indagar e interrogar en ese entramado cotidiano de acciones y omisiones que requieren ser visibilizadas, investigadas y transformadas desde espacios como la universidad pública.

Como docentes, investigadoras/es, trabajadoras/es de la universidad pública, y en particular de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, tenemos la responsabilidad de asumir un rol activo en la producción de conocimiento crítico, en la formación de profesionales comprometidos con los derechos humanos y en la generación de herramientas -como la información- que permitan identificar, prevenir y denunciar estas prácticas.

Se trata no solo de estudiar la violencia institucional, sino también de contribuir a la construcción de respuestas colectivas que fortalezcan las garantías del Estado de Derecho y promuevan formas de intervención estatal respetuosas de la dignidad y los derechos de las personas. Conmemorar esta fecha implica, así, renovar el compromiso con una agenda académica y política que sitúe la defensa de los derechos humanos en el centro del debate público, aportando a la comprensión y transformación de las condiciones que hacen posible la violencia institucional en nuestra sociedad.
 

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