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Pedagogía de la memoria: experiencias en Mendoza

por Mercedes Molina Galarza

15 de mayo de 2026 Por: Mercedes Molina Galarza
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Desde el retorno de la democracia, un sinnúmero de escuelas y universidades del país se ocuparon
de abordar los impactos que las dictaduras, en especial la última (1976-1983), tuvieron sobre la
sociedad argentina y sobre el propio sistema educativo. ¿Por qué, entonces, estos temas aparecen
como novedosos o inapropiados, al ser abordados en las escuelas, en la actualidad?, y ¿de qué
modos se los aborda? son preguntas que hemos intentado responder a través de la investigación
educativa.
Los deberes, derechos y garantías que la Constitución reconoce a cada persona, así como los
orígenes históricos de nuestro sistema republicano, en el siglo XIX, son algunas temáticas que
tradicionalmente se han abordado en las asignaturas escolares. La alternancia entre democracias y
dictaduras, a lo largo del siglo XX, forma parte ineludible de la currícula de historia argentina. Los
diseños curriculares de la provincia de Mendoza, elaborados en 2008, incorporaron la historia
reciente como asignatura curricular en los profesorados de Historia dependientes de la Dirección
General de Escuelas. Sin embargo, el abordaje de las violaciones a los derechos humanos durante
la última experiencia dictatorial genera resistencias al interior de algunas escuelas. ¿Estamos ante
la presencia de un tema tabú? El sistema educativo sufrió particularmente la represión: según el
Nunca Más (CONADEP, 1984), el 21% de las personas desaparecidas eran estudiantes y el 5,7%,
docentes. Además, el gobierno dictatorial prohibió la actividad de los centros de estudiantes, las
actividades sindicales y todo tipo de participación política; suspendió el Estatuto del Docente;
eliminó un vasto listado de temas y conceptos de los planes de estudio (por ejemplo, la teoría de
conjuntos, en matemática, o conceptos como “democracia”, “participación”, “compromiso”, en
asignaturas de las ciencias sociales) y quemó cantidades incalculables de libros secuestrados en
todo el país, tal como muestra la investigación Memoria en las aulas. También cerró carreras e
instituciones de nivel superior, como las escuelas superiores de Antropología Escolar, Asistencia
Social y Comunicación Colectiva, en Mendoza, o las carreras de Ciencias de la Educación,
Sociología y Psicología en diversas universidades del país, por considerarlas “subversivas”. El libro
Apuntes de la memoria y el documental del mismo nombre reconstruyen algunos de los hechos
ocurridos en la Universidad Nacional de Cuyo durante esos años.
El impacto de las políticas represivas en la enseñanza fue tal que, tras el retorno de la democracia,
lo ocurrido comenzó a ponerse en palabras, inevitablemente, por parte de la propia comunidad
educativa. Al igual que en el debate público, en las escuelas y universidades surgieron disputas
alrededor de diversas narrativas sobre el pasado. El relato de la “guerra sucia” expresaba el punto
de vista de los militares y legitimaba su accionar; nunca contó con demasiada adhesión en ámbitos
de enseñanza. La “teoría de los dos demonios” –de amplia vigencia durante el gobierno de
Alfonsín– responsabilizaba por las violaciones a los derechos humanos tanto a los represores como
a sus víctimas, dejando al margen de toda responsabilidad al resto de la sociedad civil. La
perspectiva del “terrorismo de Estado” y la del “genocidio” pusieron el foco, en cambio, en la

implementación de un plan sistemático de exterminio de opositores políticos, el disciplinamiento
de la sociedad y la clandestinidad de este accionar. El “negacionismo”, por su parte, en aras de una
pretendida unidad nacional, ha procurado quitar gravedad a las políticas dictatoriales o dejarlas en
el olvido. Lejos de lograrlo, cada 24 de marzo, amplias mayorías sociales vuelven a recordar no
sólo la pérdida de vidas humanas sino, también, las consecuencias económicas y culturales de la
dictadura.
El avance de los Juicios por delitos de lesa humanidad en Mendoza –doce de ellos ya concluidos, el
decimotercer juicio, en curso, y el decimocuarto, por crímenes cometidos contra niños/as y
adolescentes, a punto de iniciarse– ha contribuido a precisar las responsabilidades de los
represores y a generar enorme cantidad de material probatorio. Esto ha permitido conocer, por
ejemplo, que se persiguió a las personas no sólo por razones políticas sino, también, religiosas (en
virtud de sus creencias); sexo-genéricas (según su orientación sexual); económicas (para quedarse
con sus bienes materiales) e incluso “morales” (en Mendoza, fue cruel el tratamiento recibido por
mujeres en situación de prostitución). También se ha evidenciado que la persecución comenzó
años antes del golpe de Estado de 1976. Las sentencias judiciales establecen que estos crímenes
fueron cometidos en el marco del delito internacional de genocidio.
En el plano normativo, la Ley Federal de Educación (Ley 24.195/1993) y la Ley de Educación
Nacional (Ley 26.206/2006) han brindado marcos para abordar estos temas en términos
pedagógicos, respetando los derechos humanos y la institucionalidad democrática. Volvemos,
entonces, a la pregunta inicial de este escrito: ¿de qué modos se aborda el pasado reciente, en las
aulas, en la actualidad? En relevamientos realizados a través de distintas técnicas, como
observaciones etnográficas y entrevistas cualitativas, hemos encontrado que en las escuelas aun
hoy prevalecen distintos posicionamientos acerca del pasado. Los resultados se vuelcan en el
trabajo Perspectivas conceptuales y estrategias de enseñanza del pasado reciente en Mendoza. No
detectamos la presencia de la narrativa dictatorial de la “guerra sucia”, pero sí se encuentran
difundidas posturas negacionistas o narrativas afines a la “teoría de los dos demonios” en una
parte de la docencia. Como ya señalamos, esta última narrativa se aleja del enfoque de derechos
humanos y arroja sospechas en torno a las víctimas de la represión vinculándolas al terrorismo,
aunque no suele ofrecer evidencias históricas en los materiales pedagógicos empleados. El resto
de los/as docentes adhieren a perspectivas afines a la defensa de los derechos humanos. Para dar
cuenta de lo ocurrido emplean, mayormente, la noción de “terrorismo de Estado” y, en menor
medida, la de “genocidio”. En sus clases, utilizan una variedad de recursos pedagógicos,
incluyendo películas, testimonios de sobrevivientes, libros de historia y de literatura, creaciones
artísticas. A través de su labor pedagógica, los avances de la investigación historiográfica se
“traducen” en contenidos adecuados a las edades y posibilidades de comprensión de sus
estudiantes. El cuidado de la dimensión emocional también es muy importante, tal como emerge
en las entrevistas que hemos realizado. Al tratarse de una historia tan cercana en el tiempo,
muchos/as estudiantes reconstruyen sus propias historias familiares, atravesadas de afectos, o se
abren diálogos de los más jóvenes con las generaciones mayores en la familia, el club o el barrio.
Estudiar la historia reciente en la escuela sirve, entonces, para reconstruir las propias historias de
vida e inscribirlas en las dinámicas familiares y sociales más amplias. Aunque no siempre las cosas
ocurren de este modo en el aula, cuando esto se logra, es posible hablar de lo que la pedagogía de
la memoria llama “experiencias formativas”. En ellas, los/as estudiantes se apropian del pasado
reciente, se hacen parte de esa historia y participan de la construcción de sentidos en el presente,
a partir de sus propias vivencias. Trabajar sobre historia y memoria, lejos de ser un ejercicio de
mera repetición memorística de contenidos, pasa a ser una experiencia de construcción de
conocimiento, que transforma a quienes participan en ella.
En Mendoza, al igual que en otros lugares del país, dos ex centros clandestinos de detención
fueron convertidos, en años recientes, en espacios de memoria: el Espacio para la Memoria y los

Derechos Humanos (EPM, ex D2), en Ciudad, y la ex Comisaría Séptima, frente a la plaza
departamental de Godoy Cruz. En ellos, se realizan actividades pedagógicas dirigidas a
instituciones educativas de todos los niveles, incluyendo recorridos guiados por las instalaciones y
cursos gratuitos para docentes. El vínculo de estos espacios de memoria con el CONICET y la
Universidad Nacional de Cuyo es permanente, lo que ha permitido una retroalimentación mutua
en el trabajo pedagógico de que se lleva adelante.
Referencias
Bravo, Nazareno, Molina Galarza, Mercedes, Baigorria, Paula y Tealdi, Esteban (2014). Apuntes de
la memoria. Política, reforma y represión en la Universidad Nacional de Cuyo en la década del 70.
Mendoza: EDIUNC.
Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP, 1984). Nunca más. Buenos Aires:
EUDEBA.
Comisión Provincial de la Memoria (2009). Memoria en las aulas. La educación durante la última
dictadura militar. La Plata: Comisión Provincial de la Memoria. < Memoria en las aulas >
Molina Galarza, Mercedes (2023). Perspectivas conceptuales y estrategias de enseñanza del
pasado reciente en Mendoza, desde un enfoque de derechos humanos, Intersticios de la Política y
la Cultura. Intervenciones Latinoamericanas, vol. 12, Nro. 23, pp. 97-123.
< Perspectivas conceptuales y estrategias de enseñanza del pasado reciente en Mendoza >

* Mercedes Molina Galarza es Doctora en Ciencias Sociales, Profesora y Licenciada en Sociología.
Es investigadora del INCIHUSA-CONICET, docente de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de
la UNCUYO e integrante de la Comisión de Pedagogía de la Memoria del EPM- Mendoza.

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