Notas Históricas

Notas Históricas


EN MEMORIA DE LUIS TRIVIÑO

Luis Triviño, con la gran altura de su cuerpo singularmente grande, fue una persona especialmente afable. Gustoso de sentarse a charlar en el café, de diálogo ameno y afilado, nos faltará a la hora de la rueda de amigos.

Su cuidado por los derechos humanos se estableció desde esa cordialidad  hacia los perseguidos, los humillados y golpeados. A él no le tocó la cárcel o el exilio, pero ello no hizo que -como algunos- se refugiara en el silencio cómplice con la dictadura. Como decano interventor en nuestra Fac. de Ciencias Políticas y Sociales, y luego como Rector elegido tras reñida decisión para toda la Univ. Nacional de Cuyo, supo imponer que fuesen reincorporados quienes habían sido expulsados, y tuvo la firmeza para sostener que quienes hubieran violado derechos fundamentales, recibieran alguna medida de sanción institucional.

"Pluralismo" y "tolerancia" son dos palabras que él utilizaba a menudo, pero sobre todo dos conceptos que lo definían existencialmente. Había devenido ateo, pero pocos como él cultivaron los actos religiosos ecuménicos, a los que propició cuando su Rectorado. Como humanista convencido se mostró capaz de respeto al prójimo en una medida en que no lo tienen quienes están cegados por el fanatismo, o aquellos que se imponen el amor como si fuese mandamiento obligatorio.

En diferentes ocasiones nos tocó compartir discusiones y pronunciamientos junto a otros amigos y compañeras, desde la flexible asunción compartida de que no siempre estaríamos de acuerdo.

A muchos nos faltará su voz aflautada y singular, su paso cansino, esa barba que lo acompañó en los últimos años. Pero sobre todo se ha ido una persona muy especial para una sociedad como es la nuestra. Una especie de librepensador que surgiera de rescoldos de fines del siglo XIX, que no tenía simpatías directas con el socialismo, pero que igualmente haría de muchas personas de esa tendencia sus compañeros de ideas.

También un universitario ejemplar, alguien que hizo de la vida en las aulas y en la gestión académica, un credo y una raigambre. Pero que a la vez siempre tuvo la voluntad y la mirada puestas en la sociedad como un todo, no limitándose al cerco institucional, ni al narcisismo enfermizo de aquellos que se encierran entre boxes y pasillos. Su vocación fue la de una universidad que fuera -en plenitud- sector constitutivo de la vida social, y de la conformación de opinion pública.

Por cierto que él mostraba una enorme paciencia para con aquellos que pudieran denostar el ateísmo militante que asumió hace ya muchos años. Una paciencia y tolerancia que no todos son capaces de sostener hacia quienes piensan diferente, pero que es la que sin dudas conviene que asumamos desde su ejemplo y su memoria.-

Roberto Follari